Mariel
Hernández
Carta a mi padre
Déjate transformar por este viaje llamado vida
Elegí la comunicación epistolar porque sentía una inmensa necesidad de comunicarme con mi padre, expresarle de alguna manera lo que siento por él, y esta fue la mejor estructura literaria que me facilitó tener esas charlas pendientes. Dado que estamos distanciados, muchas veces he soñado con el momento en que podamos estar frente a frente, sentados, y preguntarle: «¿Cómo está, papá?». Ese momento solo se ha quedado en un sueño.
Escribí, ahora lo sé, para liberarme, desahogarme, para aliviar la ansiedad y la tristeza de mi alma y de mi corazón.
© 2021
© 2021
Mariel Hernández
María Elena Hernández Arellano (1978), ese es mi nombre completo, pero desde muy joven me suelen llamar Mariel; soy mexicana, nacida en Fresnillo, Zacatecas. Soy egresada del Tecnológico de Monterrey como licenciada en Mercadotecnia, campus Zacatecas, y cursé la maestría en Administración en la misma institución.
Me considero una mujer perseverante; el deporte es una parte fundamental en mí, es mi conexión con la vida. Actualmente practico la natación y el atletismo, y a menudo participo en competencias.
Encontré un eco de mí misma en la lectura y en la escritura, hasta que un día me decidí a publicar mi primer libro: Carta a mi padre.
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Carta a mi padre
Elegí la comunicación epistolar porque sentía una inmensa necesidad de comunicarme con mi padre, expresarle de alguna manera lo que siento por él, y esta fue la mejor estructura literaria que me facilitó tener esas charlas pendientes. Dado que estamos distanciados, muchas veces he soñado con el momento en que podamos estar frente a frente, sentados, y preguntarle: «¿Cómo está, papá?». Ese momento solo se ha quedado en un sueño.
Escribí, ahora lo sé, para liberarme, desahogarme, para aliviar la ansiedad y la tristeza de mi alma y de mi corazón.
Carta a mi padre
Capítulo 1
INTRODUCCIÓN
Tejí mi historia a través de esta carta en la que te comparto cómo pasé de ser la niña consentida de papá a la mujer que soy ahora, sin mi padre. Espero que a través de estas letras puedas darte cuenta de que toda tu vida puede cambiar en un instante cuando alguien cercano a ti da un giro hacia otra dirección que nunca imaginaste, y de golpe te llega la orfandad que no pediste y toma un tiempo entenderlo, pero de ti depende si decides quedarte en ese abismo o resurgir y encontrar una mejor versión de ti; siempre existe una luz, un despertar que puede transformar tu realidad para darle el mayor sentido a lo que hoy se puede abrazar.
Elegí la comunicación epistolar porque sentía una inmensa necesidad de comunicarme con mi padre, expresarle de alguna manera lo que siento por él, y esta fue la mejor estructura literaria que me facilitó tener esas charlas pendientes para estar en contacto con mi papá, ya que estamos distanciados y, aunque he soñado con el momento en que podamos estar frente a frente, sentados, y preguntarle: «¿Cómo está, papá?». Ese momento solo se ha quedado en un sueño.
A través de cada palabra que plasmaba en mi carta fui descubriendo una enorme paz y, aunque no fue fácil, y sin pretenderlo, caminé lo que hoy se conoce como un proceso de sanación. Escribí, ahora lo sé, para liberarme, desahogarme, para aliviar la ansiedad y la tristeza de mi alma y de mi corazón. Quiero dejar una huella en este mundo a través de mi escritura.
Que mis hijos y mis generaciones futuras lean mi libro, conozcan mi historia y la de sus antepasados.
Capítulo 2
HABLA MI MAMÁ
—¿Qué hubiera pasado si hubieran seguido juntos mi papá y tú?
—Me hubiera hundido más en el vicio del alcohol, porque mi vida con él era muy fea; casi desde el principio que nos casamos empezaron sus infidelidades.
—¿Te arrepientes de no haberlo dejado antes? ¿De haberte esperado tanto tiempo para tomar esa decisión?
—Sí, me arrepiento. Lo hubiera dejado desde la primera vez que me di cuenta de que era infiel; sin embargo, le pasé la primera y de ahí siguieron muchas más. Y yo lo único que ya le pedía es que no fuera tan descarado.
—¿Por qué aguantaste tanto?
—Por miedo, por no poder darte la vida a la que tú estabas acostumbrada.
—¿Todavía lo quieres?
—Sí (esa respuesta me sorprendió mucho, nunca me imaginé que me fuera a contestar eso).
—¿Si él ahorita regresara y quisiera estar contigo otra vez, lo aceptarías?
—No, al principio que pasó eso, cuando se fue con la otra mujer, me sentí muy enojada y no quería saber nada de él y era tanto mi coraje que quería que le fuera mal y que sufriera; pero ahora, que me cuentan que está enfermo y que sé que le ha ido mal, me da tristeza y solo le deseo el bien.
Capítulo 3
CARTA A MI PADRE
15 de junio de 2025
Hoy, Día del Padre, me decido a escribirle esta carta porque hay tanto que decir, tantas palabras que se quedaron en el aire, tanto dolor que hay en mi corazón, tantos recuerdos que no sé qué hacer con ellos para que no me hagan ya más daño. Hoy es uno de esos días en que me pongo a reflexionar y a ver mi vida desde otra perspectiva, como si me saliera de mi cuerpo y recorriera desde mi infancia hasta mi vida actual, para darme cuenta de cómo he ido evolucionando, cómo he perdonado y aprendido a vivir con su ausencia; esto no quiere decir que el dolor se haya ido, el dolor también se transforma y su ausencia me ha ayudado a crecer y a ser la persona que ahora soy.
Usted decidió un día marcharse con otra mujer y olvidarse de que tenía una esposa y una hija. Puedo entender que haya dejado de querer a mi mamá y que ya no hubiera querido estar con ella, pero ¿yo? ¿Qué pasó con el cariño que usted decía sentir por mí? Yo siempre pensé que iba a ser un abuelo consentidor con sus nietos. Pero ni siquiera quiso convivir con ellos.
Hoy, en este día tan especial para muchas personas, quiero que sepa que para mí, desde hace 18 años, es un día como cualquier otro: no hay nada que celebrar.
Veo en las redes sociales fotos de hijos que felicitan a sus padres con leyendas muy emotivas; todos presumen que tienen al mejor padre. Me da gusto que eso sientan; yo también por algún tiempo sentí que usted era el mejor padre del mundo, era mi superhéroe. Pero ahora yo no tengo fotos recientes con usted, solo fotos antiguas; es triste mirar atrás, ver los recuerdos y pensar cómo no pude disfrutar más los momentos a su lado, tantos «te quiero» que se quedaron en el aire, ¿por qué no los dije?, tantos abrazos pendientes.
Uno piensa que las cosas siempre van a ser así y no se da cuenta de que todo puede cambiar en un instante. Usted, mi superhéroe, un día decidió que ya no quería vivir con nosotros y se fue con alguien más. ¿Y en dónde guardo todo ese amor que siento por usted? ¿En qué cajón meto tantos recuerdos para que no me hagan daño al pensarlos?


